Dejamos atrás Barcelona un jueves a las cinco de la mañana para empezar nuestro viaje a Lyon. Con los adornos navideños ya guardados en cajas y la vorágine de las fiestas atrás, cruzamos nuestras fronteras en busca de nuevos horizontes gastronómicos.
Si decimos Lyon, ¿qué es lo primero que os viene a la cabeza? Si fuera Burdeos, pensaría en la Place de la Bourse con su espectacular espejo de agua. Si me hablas de Marsella, me viene a la mente una humeante Bouillabaisse. Y si mencionas Lyon, solo puedo pensar en la cuna de la gastronomía francesa.
El principal motivo de nuestro viaje era visitar la mundialmente famosa feria de Sirha. Nos habían hablado maravillas de ella… pero la experiencia superó todas nuestras expectativas.
Salvo el caos para hallar aparcamiento, una vez dentro nos encontramos con un evento descomunal: siete pabellones titánicos conformaban la feria. Algo que nos sorprendió fue el enorme protagonismo del café de especialidad, que en esta edición ocupaba casi un pabellón entero. Impresionante cómo ha crecido este mundo en los últimos años.
El resto de los pabellones albergaban una diversidad abrumadora: pastelería, carne, equipos de cocina, productos gourmet, confitería, transporte, vinos y licores… Un verdadero paraíso gastronómico.
El ilusionista mundo de la pastelería en Lyon
La pastelería ha alcanzado un nuevo nivel, convirtiéndose en un auténtico taller de confección. En un stand blanco inmaculado nos encontramos con telas impresas en chocolate, figuras espectaculares y bases de mil tamaños, transportándonos a un mundo de ilusión como os enseñábamos en este vídeo.
Detrás de estas creaciones, empresas especializadas en moldes a medida permitían a los profesionales dar rienda suelta a su imaginación y materializar cualquier idea.
Trampantojos y comida vegana: la revolución gastronómica
Ya no es una tendencia pasajera, es una realidad que ha venido para quedarse: las alternativas a la proteína animal están en auge. Nos impresionó un stand enorme bajo el lema “Tout est bon sans le cochon”, dedicado exclusivamente a embutidos de origen vegetal como mortadela o bacon. El olor y el aspecto eran prácticamente idénticos a los originales.
Pero el asombro no terminó ahí: también descubrimos un foie elaborado de manera artificial que ha conquistado incluso a los chefs más estrellados. La textura, el sabor y la consistencia son asombrosamente fieles al original, pero con una gran diferencia: está hecho a base de ingredientes vegetales.
Un mundo 0.0
Otra de las tendencias más evidentes en la feria fue la creciente oferta de vinos y espirituosos desalcoholizados. Es innegable que las nuevas generaciones estamos cada vez más concienciadas sobre los riesgos del consumo excesivo de alcohol, y en respuesta a ello ha surgido una corriente de alternativas sin alcohol que no deja de ganar adeptos.
Cenando en Lyon
Aunque durante el día aprovechamos la feria para las comidas, exprimiendo cada momento en el centro de exposiciones, para las cenas decidimos dejarnos llevar por la espontaneidad. Sin planificar demasiado, salimos a explorar las calles de Lyon y descubrir qué nos deparaba la noche.
La oferta gastronómica es abrumadora: callejuelas repletas de pequeños restaurantes, bistrós, cafés y acogedores locales italianos, todos impecablemente decorados y con un ambiente irresistible. El único inconveniente: estaban a reventar. Las cartas resultaban tentadoras y cada establecimiento tenía su propio estilo, pero todos lograban un equilibrio perfecto entre tradición y modernidad.
Finalmente, terminamos cenando en un antiguo refectorio, un lugar con un encanto especial. Disfrutamos de un exquisito menú gastronómico de tres platos que superó nuestras expectativas y puso el broche de oro a nuestra jornada en Lyon.
Escapada al mercado de la Croix-Rousse
Tras dos días recorriendo cada rincón de la feria de Sirha, decidimos alejarnos del bullicio industrial y adentrarnos en el alma de Lyon. A pesar de ser una ciudad relativamente pequeña, en Lyon se puede encontrar de todo: tiendas exclusivas, una oferta gastronómica envidiable y múltiples opciones de ocio. Sin embargo, lo que más nos cautivó—además de la calle comercial y las vistas al río—fue el barrio de la Croix-Rousse. Un rincón de la ciudad donde la vida transcurre a otro ritmo, más pausado, más auténtico.
Era sábado por la mañana y, tras una caminata de 30 minutos por una pendiente que evocaba una mezcla entre San Francisco y Montmartre, llegamos a un gran boulevard. Allí nos sumergimos en el cálido ambiente de un sábado en el mercado. La escena era encantadora: personas con grandes cestos—apostando por la sostenibilidad—rebosantes de hortalizas frescas, apios, lechugas crujientes, ramos de mimosa, manzanas francesas, pan recién horneado y croissants.
No solo la imagen era embaucadora… el aroma a rotisserie y pan recién hecho lo envolvía todo. Las paradas se extendían a lo largo de 2 o 3 kilómetros, y entre ellas, los artesanos exponían con esmero sus productos: aceitunas, pan, quesos dispuestos con precisión, embutidos, carnes, pescados y frutas y verduras de temporada. La calabaza Potimarron y las manzanas eran, sin duda, las protagonistas del momento.
Al dejar atrás el mercado, nos adentramos en una pequeña plaza donde coexisten varias boulangeries, una fromagerie, un traiteur, una boutique de productos ecológicos y una pâtisserie. Por supuesto, las recorrimos todas y descubrimos los brioches al corte y el praliné de frutos rojos, un dulce icónico de la zona. Y como era de esperar, sucumbimos a la tentación, terminando la mañana con nuestras bolsas llenas de calabazas, manzanas, lechugas, pan, croissants y brioches. Pero oye, sarna con gusto no pica.
El broche perfecto de nuestro viaje gastronómico a Lyon
El domingo por la mañana dejamos atrás la ciudad de Lyon y nos dirigimos a Valence, la ciudad natal de la gran Anne-Sophie Pic y hogar de su primer restaurante. Nuestra cita era en Bistrot André (en honor a su abuelo), un encantador bistrot ubicado dentro del Relais & Châteaux de la Maison Pic. Estábamos emocionados por visitar uno de los establecimientos del Groupe Pic, dirigido por la primera chef femenina de Francia en recibir tan prestigiosa distinción en 56 años.
La experiencia gastronómica estuvo a la altura de nuestras expectativas. Degustamos su exquisito mi-cuit, acompañado de un delicado brioche tostado fait à maison, el sabroso salmón gravlax, un delicioso pescado del día con notas ligeras a avellanas tostadas y haba tonka y setas, y la jugosa cuisse de volaille acompañada de un gratin de castaña y calabaza. Cada plato estaba elaborado con productos locales, cuyos nombres y apellidos figuraban en la carta, reflejando el compromiso del restaurante con los productores de la región. ¡Una experiencia inolvidable que celebra la esencia de la alta cocina francesa!
Lyon nos regaló una experiencia gastronómica y cultural inolvidable. Volvemos a casa con la maleta llena de sabores, inspiración y la certeza de que este viaje no ha sido más que un aperitivo de todo lo que aún nos queda por descubrir. ¡Volveremos, Lyon!
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